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Las parteras de Guacara: manos al servicio del milagro de la vida (6 - 2 - 2017)

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Ejemplo de vocación social

                     Las parteras de Guacara: manos

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Guacara (Prensa Alcaldía de Guacara).- Para los guacareños, los nombres María Torres, Julia Benítez y María Díaz resultan familiares, pues los dos primeros identifican a la maternidad y al centro pediátrico del municipio; mientras que el tercero corresponde al nombre de una simbólica plaza ubicada en la parroquia Yagua, tres mujeres ejemplos del servicio social en Guacara.

Torres, Benítez y Díaz tienen algo en común, debido a que fueron parteras, a quienes les correspondió durante muchos años ser las primeras manos que le daban la bienvenida al mundo a los niños. Desde los albores de la humanidad, esta figura jugó un papel esencial en los pueblos ancestrales, trabajo que con el desarrollo progresivo de la medicina y la especialización de la Obstetricia fue desapareciendo paulatinamente.

Las parteras o comadronas tradicionales, se podría decir, que fueron el eslabón entre la humanidad y los servicios de salud, ya que en la antigüedad eran estas valientes mujeres quienes se ocupaban de atender a un gran número de la población en general, especialmente a sus vecinos y a las parturientas de pueblos aledaños.

La partera de Mocundo TAGS:undefined

Hablar de Matilde Sánchez en el sector de Aragüita es dar testimonio de vocación y muestra de entrega al servicio, donde la intuición y la práctica estaban a la orden de la población para garantizar, en ese entonces, la feliz llegada de un nuevo miembro familiar.

No en vano fue reconocida su meritoria labor con la entrega de un diploma de honor por parte del Consejo Municipal de Guacara en el año 1978. Asimismo, fue enaltecida como patrimonio viviente de la comunidad en el año 2009, otorgándosele un justo reconocimiento, que destaca su entusiasta desempeño como la primera enfermera de la zona.

“La abuela Matilde”, como cariñosamente le conocen en su vecindario, tiene 85 años y cuenta que hasta el año 1990, estuvo llevando a cabo su labor como partera en el mencionado sector durante 30 años, cuando vino a ejercer como practicante. “Si hoy día me preguntan a cuántas mujeres atendí, no lo sabría decir. El tiempo no pasa en vano y de verdad ya no lo recuerdo, solo sé que fueron muchas. Imagínate, era la única enfermera aquí en la comunidad”, subrayó de manera elocuente la queridísima mujer.

Esta ejemplar mujer, madre de 4 hijos, aseguró que Dios la trajo al lugar preciso, debido a la necesidad del momento, hace ya casi seis décadas. “Luego de culminar mis estudios de enfermería a través de distintos organismos adscritos al antiguo Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, así como la Comisionaduría General de Salud, entre otros, lo que me permitió obtener los conocimientos necesarios para dedicarme a mi profesión”.

Matilde explicó que llegó a Mocundo con un sueño a cumplir, luego de la experiencia adquirida en los hospitales de Guacara, Bejuma y Ciudad Hospitalaria “Dr. Enrique Tejera” de Valencia. “Me propuse abrir el primer dispensario del lugar, ya que no existía un centro de salud en donde se pudieran aplicar los primeros auxilios. Había un médico que venía a pasar revista de vez en cuando, pero necesitábamos que se le diera más importancia al tema de salud de la gente”.

Agregó que, meses después, conoció acerca de las técnicas para “partiar”, viendo la necesidad del momento. “Muchas mujeres venían al dispensario a ponerse en control, yo estaba pendiente y, sin pensarlo mucho, un día me llamaron para asistir a una parturienta. Allí entendí lo que es la verdadera inspiración de trabajo y amor por el prójimo, y así pasaron mis días, siempre dispuesta a servir, no importando si era de día o de noche, con lluvia o con sol, en burro o a pie”, relató.

Como anécdota, la matrona recordó el momento en el cual tuvo que atender un parto podálico o “de pie”, por lo que recalcó que “me asusté tanto ya que nunca había presenciado uno, y le pedí a todos los santos para que todo estuviera bien y así pasó. Fueron tres horas que duró el alumbramiento, pero luego tanto la mamá como el niño estaban bien. ¡A buen susto me llevé!”

Igualmente, mencionó que tuvo la oportunidad de atender un parto de morochos, “primero nació el niño y la mujer seguía pegando gritos y con las piernas abiertas, y me preguntaba qué tendría, cuando de repente tuve que poner mis manos para recibir a una niña que empezó a salir. Fue algo asombroso, el saber que esto podía suceder, el nacimiento de dos criaturas a la vez”.

Crónica de parteras TAGS:undefined

Mencionar a María Torres, Julia Benítez o María Díaz, significa hablar de ejemplos del servicio social de la época, expresó Rubén González, cronista de Guacara. “Lo particular de estos importantes centros de salud, es que sus construcciones se hicieron para brindar un homenaje en vida a estas matronas, no como en otros casos, que esperan que la persona muera para reconocer su labor o legado”.

Agregó que tuvo la oportunidad de compartir la alegría que sintieron Julia Benítez y María Torres en aquel momento, y del orgullo que experimentaron ambas al saber que sus nombres pasarían a la historia de la localidad en un justo reconocimiento, para saber que el amor y el agradecimiento hacia Guacara era un sentimiento recíproco.

En este sentido, el historiador mencionó que de María Torres recuerda que llegó a Guacara en el año 1960, proveniente de la capital y oriunda de la parroquia Santa Rosalía, para hacer sus pasantías como enfermera en la Medicatura Rural, en donde trabajó por más de 10 años, asistiendo en todos los partos que llegaban al antiguo centro de salud.

Comentó que, gracias a una beca que obtuvo María en el Hospital de Valencia para estudiar dos años, pudo desempeñar con satisfacción el oficio de partera, conformando un equipo de mujeres que atendía los alumbramientos sin riesgos, guiadas por la valiente enfermera.

González reconoció otra virtud de la ejemplar mujer y fue su amor por los niños, “a pesar de que ella nunca tuvo hijos, pues decidió permanecer soltera para dedicarse a su profesión, más esto no le impidió convertirse en madre adoptiva de los infantes que dejaban abandonados a las puertas del hospital, de quienes se hacía cargo para posteriormente ubicarlos en el seno de un hogar en donde le prodigaran abrigo y estabilidad económica”.

Sin dudas, María Torres fue una mujer apasionada por sus estudios de medicina, esos que no pudo concluir por los diferentes obstáculos que le presentó la vida, entre éstos, un accidente automovilístico que la dejó postrada en una silla de ruedas, debido a graves fracturas en la cadera y piernas, además de una meningitis cuando se encontraba en plena recuperación.

Estos impedimentos no amilanaron a la tenaz mujer, quien pudo superar las trabas del destino con esfuerzo y amor por su trabajo. Incluso, inauguró el servicio médico de la primera empresa instalada en la zona industrial, como lo es Papeles Venezolanos, en donde laboró desde 1990 por espacio de 39 años.

María Torres falleció el 24 de junio del 2008, a causa de un accidente cerebro vascular (ACV) del que no pudo recuperarse, en su casa ubicada en la avenida Manuel Piar del terruño guacareño, rodeada del cariño y amor de su familia adoptiva, con quienes compartió sus gratos momentos de logros, alegrías y tristezas. TAGS:undefined

Justo reconocimiento a Julia Benítez

En honor a una abnegada mujer, nacida en el año 1911, quien por más de 60 años fue la partera oficial de la localidad, fue creada la Maternidad Julia Benítez, ubicada en las instalaciones del Hospital “Dr. Miguel Malpica”, en el sector Negro Primero de la localidad; sitio donde el alcalde Gerardo Sánchez inauguró el Centro de Especialidades Médicas que lleva el mismo nombre de la matrona, en homenaje a su virtuoso trabajo de ayudar a traer al mundo a muchos guacareños, y así ampliar la oferta de servicios al alcance de quienes no cuentan con los recursos suficientes para costear una consulta privada.

En este sentido, bajo la gestión de Gerardo Sánchez se amplió la oferta médico asistencial en el municipio, ya que el CEM Julia Benítez ofrece de manera gratuita las consultas de dermatología, traumatología, psiquiatría, fisiatría, odontología, medicina interna, fisiología y laboratorio clínico; como forma de seguir garantizando atención de calidad a las personas que a diario acuden a sus instalaciones, tal como lo merecen los ciudadanos.

La vida de la recordada comadrona transcurrió en la calle Marqués del Toro, donde formó su hogar, el cual fue bendecido con dos hijos, diez nietos y dos bisnietos. Tuvo la oportunidad de trabajar en el área de Obstetricia al lado de reconocidos médicos, tales como Antonio Granella, Sonia de Badler, Martínez Campos y Aniceto Chirinos.

A la par, trabajó junto a otra gran enfermera como lo fue Rosa María Lira, con cuyo nombre bautizaron al ambulatorio que funciona en el sector Aragüita de esta jurisdicción. Fue en 1998, con su desaparición física a la edad de 87 años, cuando tocó despedirse de una carrera que por más de seis décadas brindó atención en defensa del milagro de la vida. TAGS:undefined

Una plaza en honor a una gran mujer

Al indagar acerca de María Díaz en la parroquia Yagua, donde vivió toda su vida, sus habitantes expresaron sentirse orgullosos de haber contado con la presencia de esta excelente comadrona, fallecida en 1980 a la edad de 92 años. Para honrar su memoria, el primer alcalde de Guacara, Laureano Francisco Del Valle, inauguró la “Plaza María Díaz” para reconocer su valioso aporte de entrega y amor altruista.

Iginio Rojas, nacido en la parroquia Yagua, cuenta que tuvo la oportunidad de conocer a la partera, “ella recibió a cuatro de mis cinco hijos, definitivamente fue un don que Dios le dio al poder dedicarse a atender los nuevos nacimientos, ya que ella ni sabía leer. Era amable, voluntariosa, excelente vecina, llegué a compartir con ella y con su esposo, Félix Sánchez; que yo sepa nunca tuvo hijos, pero imagínate, madre adoptiva de media Guacara, eso tiene un gran valor”.

Por su parte, Doña Virgilia Lira, vecina de El Perrote, contó que para ella fue un privilegio conocer a la insigne mujer; “era una excelente persona a quien no le importaba andar en burro desde Yagua hasta Vigirima, atravesando el río a altas horas de la noche. Ella atendió tres de mis 11 partos; recuerdo que me sobada la barriga y me daba bebedizos de altamisa para que, una vez que naciera la criatura, pudiera limpiarme por dentro”.

Muchos estarán de acuerdo en que estas invaluables mujeres vinieron a este mundo con una misión encomendada por el Creador, ya que es indiscutible el legado de amor, servicio y anegación que dejaron tras su partida. Sus vidas quedan en los recuerdos de esta tierra carabobeña, pero Matilde aún vive, y es una bendición poder contar con sus consejos. Todas estas guerreras entregaron su tiempo y parte de su vida como testimonio de amor por la humanidad.

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