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Muerte al nuncio, al diálogo y a todos/ Por: Leocenis García (14 - 3 - 2017)

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                  Muerte al nuncio, al diálogo y a todos

Por:  Leocenis García TAGS:undefined

 Los venezolanos padecen de una grave enfermedad: la desconfianza. Una economía, un país, una aldea, incluso la más pequeña, puede derrumbarse si no existe confianza.

El país, ha llegado a una situación de tanta destrucción, que parece no creer en nada ni nadie. Este yugo pesa especialmente por la indiferencia del mundo ante lo que hoy sucede. En el fondo los venezolanos se sienten observados, como un mendigo que deambula una ciudad amplia. Los venezolanos sienten que, el mundo los dejó solos frente al poder del estatismo socialista, y la posterior sujeción a un modelo que criminaliza la propiedad, el mérito, y la libertad individual.

No logramos reconciliarnos con esta situación y buscamos en estos años difíciles resistir con las armas, trancando calles, quemando cauchos, pidiendo un milagroso golpe, sin ningún efecto. Y eso nos debe servir, como le sirvió a Polonia frente al comunismo, para entender que el único camino es el de la paz y el diálogo (prefiero llamarlo: acuerdos).

Los intelectuales al servicio de los chamanes, así los califico en mi nuevo libro " La Rebelión de los tejones" están invitando a incendiar a todo aquel que anuncie que debe construirse un puente. Ellos dicen que no, que deben dinamitarse. Que las balas no hay que guardarlas, que la sangre y la pólvora son más importantes que la palabra y la cordialidad cívica. En fin, reclaman que es la fuerza bruta, y no la razón, lo que nos salvará.

Así, con esa invocación contante al golpe militar, al caos, y la violencia, muestran un desprecio por la cultura y por construir cosas que sirvan para el ejercicio de la política. Son en realidad unos enemigos de la razón, cultivadores de las emociones más bajas. Están escondidos detrás de un falso amor por el país, evitándose levantar sospechas.

Su desprecio por las voces de los acuerdos, están agudizados por oídos de corcho, como lo demuestra su incapacidad biológica para aprender otro idioma que no sea el de la descalificación y la violencia.

No se puede construir un edificio firme, un mundo de paz y abundancia, sin fundamentos, sin una referencia a valores universales. Desafortunadamente los constructores actuales ligeramente rechazan estos puntos de referencia, estos valores, y sin ellos fácilmente nos desorientamos, dejando a su suerte las futuras generaciones. El país debe respirar con dos pulmones, el material y el espiritual.

Qué valores puede haber, en políticos que nos dicen que la política debe ser sustituida por piedra, plomo y candela.

En los últimos día se ha dicho que la Iglesia católica apoya a el socialismo, incluso dándole tiempo al gobierno a través del diálogo. Las descalificaciones contra el Nuncio Apostólico y el Santo Padre Francisco han sido recurrentes, a través de redes sociales. ¿Qué hay de cierto en todo ello?

Como un fiel hijo de la Iglesia, puedo asegurar de que ella siempre ha estado de nuestro lado. Sus representantes, los obispos y sacerdotes, fueron siempre compañeros de lucha en momentos decisivos de Venezuela. Por todos los medios posibles, con su autoridad, invitan al diálogo y dan testimonio de la verdad. Su apoyo espiritual y sus oraciones no tienen precio.

Por desgracia sólo se mira o exageran ciertos eventos. Olvidan que el Nuncio Aldo Giordano ha sido el primer embajador de la Santa Sede en Venezuela en ir al servicio secreto, El Sebin, a visitar y consolar los presos políticos. Se olvida la voz levantada y recurrente de su Eminencia el Cardenal Urosa o monseñor Luckert contra el sistema, cuando consideran que abusa del poder.

Por todo ello, la Iglesia juega un gran papel en la conquista de la libertad y en el proceso de democratización del país. Incluso cuando a los ojos de la opinión pública y en algunos aspectos concretos no siempre estemos de acuerdo, las decisiones políticas y estratégicas permanecen del lado de la libertad y se dirigen hacia un mismo fin.

Algunos amigos, y gente decente, me reclaman mi predica sobre los acuerdos políticos que necesita el país. Mi insistencia de un diálogo entre el gobierno y oposición, para que se fije un calendario electoral, un canal humanitario, se levanten los controles económicos y se libere a los presos políticos. Puedo hacerlo y lo hago.

Sigo sintiéndome orgulloso de mi historia pública. Y no me siento en absoluto deshonesto. Procuro el tránsito a la democracia y lo he lo he hecho apoyándome en las leyes que sus propios impulsores ahora desprecian. No me ofendo. He sido seis veces presos político, director general de Grupo 6to Poder, expropiado por el gobierno; he fundado el movimiento Prociudadanos, protagonicé seis huelgas de hambres en protesta contra los abusos del socialismo. He trabajado mucho, y he sufrido mucho.

El día que Alberto Ravell, por ejemplo, y el señor Cabello, se den la mano en público a pesar de tanta gasolina vertida; o el día que, Maduro pueda asistir a una reunión de Fedecámaras no para hablar sino para escuchar. Ese día, el país empezará a salir de esta pesadilla. Necesitamos gestos valientes, de entendimiento, en medio del caos que hoy es el país. Necesitamos coraje, e inteligencia para vencer los males del presente, y construir un gran acuerdo que conduzca al país a un proyecto liberal, lejos del estatismo interventor.

La guerra necesita emociones bajas, fortalece al gobierno y nos deja sin país. En cambio la paz, necesita coraje, inteligencia, y es en el fondo, el principio del fin del socialismo.

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