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Garantizar la compra de alimentos en San Diego tiene su tarifa/ Por: Gutfan (6 - 3 - 2017)

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                    Garantizar la compra de alimentos

                          en San Diego tiene su tarifa

Por: Gutfan TAGS:undefined

Garantizar la compra de productos regulados en el supermercado Hyper Lider del municipio San Diego, del estado Carabobo, tiene su precio, y no estamos hablando del costo de los alimentos, sino de la tarifa que cobran de manera ilegal uniformados de los diferentes cuerpos policiales que tienen como misión preservar la seguridad en los comercios donde se expenden alimentos que escasean a nivel nacional.

Las quejas sobre cobros irregulares de vacunas se multiplican y corren de boca en boca entre las personas que se acercan desde las dos de la madrugada al Hyper Lider con la intención de llevarse a casa los alimentos regulados de primera necesidad. Nadie se atreve a formular la denuncia oficialmente en los comandos policiales correspondientes porque saben que desde allí opera la mafia de los “billuyos” que obtienen algunos PoliCarabobo y PoliNacionales Bolivarianos.

Lo cierto del caso, es que quien quiera estar dentro de los 100 primeros en comprar en el citado supermercado tiene que bajarse de la mula con 3 mil 500 bolívares. Si usted es de los venezolanos que se niega a madrugar, hacer siete horas de cola, o esperar el famoso sorteo de la cédula de identidad para saber si puede comprar o no, tiene la opción de cancelar la suma de dinero antes mencionada a los uniformados, y tendrá seguridad de llevar el pan para su casa, de lo contrario, tendrá que jugar con la suerte.

La clave entre los policías es la discreción al momento de recibir los billetes, e inmediatamente le piden a la persona la cédula de identidad y los mandan a esperar en los alrededores del estacionamiento, o en su defecto, en las afueras, hasta cuando llegue la hora del sorteo. Ya ese ciudadano sabe perfectamente que saldrá favorecido porque compró su cupo.

Pasan las horas, los minutos se hacen largos, y repentinamente otro funcionario en voz alta anuncia que comenzará a pedir las cédulas de identidad a todos los que se encuentren en las colas, primero los que residen en San Diego y madrugaron, luego, los amigos de la tercera edad y mujeres embarazadas, en la tarde le corresponden el turno a los foráneos, si es que queda mercancía.

El uniformado de PoliCarabobo revuelve todas las cédulas, como si se tratara de un acto de magia y sin sombrero de mago comienza a llamar a las personas. La muchedumbre se agolpa para escuchar su nombre y celebrar como si hubiese obtenido un triunfo, los primeros que salen a la palestra pública son los que pagaron la “prote”, posteriormente los que madrugaron, le sigue las personas de tercera edad y las féminas en grado de gestación.

Muchos ciudadanos no corren con la suerte de salir en el sorteo pese a que madrugaron, ese es el caso de Bertha Olmo, quien reniega por no contar con 3 mil 500 bolívares para pagarle a los policías e ingresar al mercado como lo hicieron muchos. Ella es una mujer que se gana la vida vendiendo empanadas en su humilde hogar de la parroquia Ruiz Pineda, y sabe perfectamente que si no consigue la harina esta semana no podrá trabajar. Confiesa que ha comprado el producto a precios exorbitantes, ella también le sube el costo a las empanadas, pero los clientes se quejan, y dice que no puede hacer más nada.

La señora Olmo relata que los bachaqueros también hacen de las suyas en San Diego. Desde la noche anterior, hombres y mujeres se quedan durmiendo en la intemperie, frente del supermercado, saben qué tipo de mercancía van a vender al día siguiente, gracias a los contactos que tienen con algunos empleados del Hyper Lider.
Relata que una vez que aclara el día, se presenta una mujer morena y robusta con un bolso repleto de dinero y comienza a repartir entre algunos “bachaqueros” para que compren los productos y posteriormente revenderlos a precios con ganancias de hasta mil por ciento.

Olmo asegura que la policía sabe y conoce quienes comandan a los bachaqueros pero no hacen nada porque ellos también tienen su negocio redondo que les deja buenos dividendos.

Sara Carrillo, reside en San Diego, específicamente en Los Tulipanes, le corresponde comprar los días miércoles, llega a las cuatro de la mañana para hacer su respectiva cola y contar con la bendición de Dios para ver si sale en el humillante sorteo. Otilia Machado, vive en Prebo y confiesa que le toca que hacer la cola de los foráneos y contar con suerte para comprar aceite, harina dde maíz,, azúcar y café.

Roberto Mendoza, es un abuelo de 70 años, manifiesta que los agentes de la PoliCarabobo y la Policía Nacional no respetan a las personas de la tercera edad, en muchas ocasiones lo han gritado y maltratado como si estuvieran frente de un delincuente. Asegura que las mujeres embarazadas tampoco tienen privilegios, porque a muchas les ha tocado que hacer su cola como todo los mortales que desean abastecerse de los productos regulados.

La comunidad de San Diego y consejos comunales junto con la alcaldesa, Rosa Brandonisio de Scarano, han diseñado planes para acabar con los bachaqueros, pero la situación se le ha escapado de las manos, cuando los policías, quienes deben resguardar el orden público, utilizan el modus operandi de cobrar vacuna sigilosamente entre los que no hacen cola ni madrugan para obtener el beneficio de comprar productos regulados.

Ante la irregularidad, solo basta decir, que Dios se apiade de los venezolanos que nos ganamos con el sudor de la frente un sueldo honradamente para subsistir en medio de tanta barbarie, y la vida juzgará a los uniformados que se están llenando los bolsillos ante los ojos del pueblo.

 

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