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Benedicto XVI proclama beato a Juan Pablo II (1 - 5 - 2011)

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Benedicto XVI proclama beato a Juan Pablo II

Cientos de miles de feligreses llegados de varios rincones del mundo asisten para la ceremonia de beatificación que oficia Benedicto XVI en la plaza de San Pedro

 

FUENTE: DIARIO "EL PAíS" - ESPAÑA

Ante el júbilo de cientos de miles de feligreses congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano, Benedicto XVI ha proclamado esta mañana beato a su antecesor en el trono de San Pedro, Juan Pablo II, seis años después de su muerte. En una ceremonia ante la basílica, el Papa ha dejado a Karol Wojtyla en el escalón anterior a la santidad al tiempo que estallaba una sonora ovación entre los cientos de miles presentes, muchos de ellos polacos. Benedicto XVI, ha presidido los actos en la entrada de la Basílica, con la plana mayor de la jerarquía católica y numerosas autoridades extranjeras, entre ellas los Príncipes de Asturias o el entre ellos el dictador de Zimbabue, Robert Mugabe. Se trata de una de las más multitudinarias concentraciones en el Vaticano desde los actos posteriores a la muerte del Papa polaco hace seis años.

 

 

Al tiempo que Benedicto XVI, que vestía una casulla que perteneció a su antecesor y ha usado el cáliz que éste usó en sus últimos años, proclamaba beato a Wojtyla, se descubría un gran tapiz con una imagen de Juan Pablo II que cubre la fachada principal de la basílica y ha pasado entonces a presidir la escena. Sobre la columnata de Bernini, en otra gran tela se podía leer "Abrid de par en par las puertas a Cristo", una de las frases más conocidas de Wojtyla. Benedicto XVI ha oficiado la misa apoyado por los cardenales presentes en Roma y el que fuera secretario de Juan Pablo II, Mieczslaw Mokrzycki. Después, Marie Simone-Pierre, la monja francesa cuya curación de la enfermedad de parkinson es la base de la beatificación de Juan Pablo II, ha ofrecido a Ratzinger la reliquia del nuevo beato, una ampolla con su sangre encastrada en un relicario de plata, que el Pontífice ha besado antes de que fuera colocado en un estrado.

  Una vez beato, ha estallado el júbilo entre la muchedumbre congregada, una sobresaliente marea humana que ha copado la colosal plaza de San Pedro y las calles adyacentes. Emocionados, han clamado "Santo subito", entonado cánticos, ondeado banderas o dejado escapar las lágrimas. Muchos de ellos, sobre todo polacos, han dormido en las calles cercanas a la plaza para ser los primeros en coger sitio cuando, sobre las cinco de la mañana, se ha abierto el acceso al público.

Campeón contra el marxismo

Tras la beatificación, Joseph Ratzinger ha emprendido la homilía, en la que ha repasado la figura, la vida y la acción política y pastoral de Juan Pablo II. "Nos devolvió a la fe la esperanza usurpada por el marxismo", ha dicho, en referencia a la lucha del Papa polaco contra el comunismo. "Aunque sería exagerado decir que él solo derribó el muro, dio desde luego una gran contribución". "Juan Pablo II no enseñó que no debíamos tener miedo de ser cristianos y a no tener miedo de la verdad, porque la verdad es la primera garantía de la libertad".

Benedicto XVI también ha glosado la figura de Wojtyla y recordado que pasó 23 años al lado del nuevo beato como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (antigua Inquisición) y así pudo conocer "su profundidad espiritual, la riqueza de sus intuiciones, el ejemplo de su oración, su humildad". Recordando el sufrimiento que la mala salud le produjo en los últimos años de su vida, Ratzinger ha dicho que incluso entonces "siguió siendo una roca".

También ha defendido las razones por las que se acometió este proceso de subida a los altares con tanta celeridad, apenas seis años después de su muerte. "La beatificación ha llegado pronto porque así lo ha decidido el Señor, porque su olor de santidad ondeaba en el aire", ha dicho Ratzinger. "Juan Pablo II es beato por su fe, por la beatitud de su fe, fuerte, generosa y apostólica, por su fe en la Virgen", ha defendido el Papa, para seguir: "Wojtyla fue un gigante que abrió a Cristo a los sistemas cerrados". La homilía ha terminado como terminó hace seis años su funeral, con el Papa invocando la bendición del nuevo beato.

Vigilia en el Circo Romano

Esta noche, cerca de 200.000 personas han participado en la vigilia celebrada en el Circo Máximo. Bajo un cielo por fin sereno, aclarado por las luces delicadas de miles de velas, los peregrinos llegados de varios rincones del mundo rezaron y escucharon canciones y anécdotas de personas que estuvieron muy unidas al Pontífice polaco: su secretario personal, el cardenal de Cracovia Stanisalw Dziwisz; su portavoz, Joaquín Navarro-Valls, y Marie Simone-Pierre, la monja francesa que confirmó la beatificación de Juan Pablo curándose del parkinson unos días después de la muerte del Papa.

La religiosa de las Maternidades Católicas no conoció a Karol Wojtyla. "Empecé a sufrir el parkinson", contó en francés, "cuando tenía sólo 40 años, y después de la diagnosis me costaba mucho ver a Juan Pablo II en la televisión, me presentaba la imagen de mi propia enfermedad".

Cuando murió el Papa, "sentí un gran vacío, la sensación de quien pierde un amigo, una persona querida, alguien que me comprendía". El 13 de mayo de 2005, Benedicto XVI anunció la dispensa de la espera del plazo de cinco años desde su muerte para el inicio del proceso de beatificación. La monja pidió la baja a su superiora, que decidió rezar una novena. No sucedió nada. Pero unos días después, repentinamente, la religiosa se curó por completo. "Sentí como una voz interior que decía 'Toma la pluma y escribe'.

"He venido porque nací y crecí identificando con él la silla de Pedro. Siempre lo llevaré en el corazón", cuenta Melissa Lerose, de 23 años. Encima del enorme escenario, una presentadora alta y morena presentaba con el estilo de un espectáculo televisado al coro que empieza a cantar "¡Aleluya!". Entre los fieles que escuchaban en silencio o intercambiando palabras discretas, se movían los voluntarios del ayuntamiento, algunos distribuían agua, otros bocadillos.

Desconocidos que hablan idiomas distintos se sonreían y se pedían fuego para encender sus velas. "Es otro milagro del Papa Bueno", comentaba Martina Tieppo, de 25 años, que llega desde Venecia con un grupo de coetáneos. "Cuando él estaba vivo yo no creía en nada. Un año después de su muerte, me resonó en la cabeza su voz que decía: 'No tengáis miedo, abrid las puertas a Cristo' y me acerqué a la fe. Estoy aquí para agradecérselo".

La joven tiene apoyada a las piernas una gran mochila con un saco de dormir enrollado: "Vamos a pasar la noche afuera, pasando de una iglesia a otra [se quedan abiertos los templos principales de la ciudad]. Sobre las cinco vamos directos a San Pedro".

La ceremonia comienza a las diez de la mañana. El ataúd con los restos del papa Wojtyla fue exhumado el viernes y será expuesto en el altar mayor de la Basílica vaticana desde el final del acto de beatificación hasta el lunes, momento en el que será depositado en la capilla de San Sebastián, cerca de la Piedad de Miguel Ángel.

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